lunes, 6 de julio de 2009

Demoiselle Sarajevo est mort

El día catorce de mayo, mis peluches se reunieron para conspirar en mi contra.

El Señor Pepino siempre ha sido un refinado oso de peluche de cabellos castaños oscuros, quién eligió ese tono para parecerse a mí, por ende, con el es con el que yo siempre me he identificado más en la vida.

Tico es un perico de felpas coloradas, quien por su exoticidad me llamó la atención pera engañosa esa personalidad suya, tanto que yo llego a pensar que quizás fue el quien comenzó con los planes para secuestrar a su dueña; osea, a mi.

Moto es un chango aterciopelado cuyos largos cabellos le dan cierta sensualidad de afrodita aún siendo un vicioso hombre; por su sensualidad, sus vicios y lo largo de sus cabellos entendí que el y yo éramos afines.
Siempre me habían amado, hasta aquel día en que reinó otro hombre en mi cama, un hombre de carne y hueso. Aquella tarde catorce de mayo entré a mi habitación en los brazos de él y al caer sobre mi cama, no pude más que arrojarlos al suelo para que no estorbaran en nuestros caminos.
La conspiración empezó esa noche, cuando se dieron cuenta que no solo habían sido remplazados sino que tampoco estaban invitados a dormir en la cama. El Señor Pepino se limitaba a llorar, mientras que Tico estaba muy molesto criticando mis nuevas maneras de vivir, por otro lado, Moto ya había tomado cartas en el asunto.
Me tomaron de los cabellos por la noche, me amordazaron y me llevaron con ellos, dejando en la cama a una mujer, a cuyo cuerpo yo ya no pertenecía.
Se rumora que ahora ella me busca por todos los rincones de su casa y le ha dicho adiós al joven por quien en un principio nos cambio para llenar el vacío que yo dejé con otros jóvenes, también de carne y de hueso.

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