
Se llamaba Carmela y era alegre; todas las Carmelas son alegres, tal vez por eso les dicen " Carmelita ", tal vez por eso ese nombre me recuerda a un montón de dulces apilados en mi cama uno arriba de otro cual orgía de Guns n’ Roses, pero sin las envolturas, a veces me da tanta pereza desenvolver los dulces que los meto a mi boca con todo y la envoltura, después de unas cuantas mordidas la envoltura se separa del dulce, entonces las escupo lejos de mi cuerpo, en el otro lado de la cama donde suelen dormir las hienas, algunas veces me trago las envolturas que no se separaron del dulce. El caso es que Carmelita se cansó de ser alegre, es una historia corta, pero dice mucho el hecho de que Carmela se haya cansado de ser dulce y alegre, yo por otro lado, me compadezco de Carmela, por lo de dejar de ser dulce, en realidad hay gente que nace para ser dulce y alegre, hay gente que no, Carmela decepcionó a todos los dulces y alegres, se retiro del juego de la alegría, ahora Carmela me recuerda a las envolturas de los dulces que a veces me trago y después los jugos gástricos de mi cuerpo las deshacen. Una vez me dijeron que los chicles se pegaban en tu intestino como larvas malignas y ahí se quedaban, yo era una niña y me imagine mi esqueleto en una tumba lleno de chicles que brillan en la oscuridad, desde ese día no he dejado de tragarme los chicles que brillan en la oscuridad, pues ahora me vengo enterando que era una de esas mentiras que suelen decir los padres, como que santa claus no existe solo para dejar de gastar dinero en tus regalos, ahora me sigo tragando los chicles y se que los jugos gástricos los deshacen, como a Carmela los 365 días del año que tiene que soportar estar aglomerada a su dulce nombre siendo tan oscura. Pero ya para los últimos 15 puede consolarse escuchando; " It`s the most wonderfull time of the year ".